Devocional de hoyCÓMO TRATAR LA DECEPCIÓN Y SER LIBRES (PARTE 2)
“La esperanza que se demora aflige al corazón; el deseo cumplido es un árbol de vida.”
— Proverbios 13:12
Ayer leímos cuáles eran los propósitos de Dios en medio de las decepciones. Hoy comenzaremos este devocional mencionando las intenciones de nuestros enemigos espirituales en las mismas circunstancias. Ellos usan las desilusiones para desgastarnos. ¡Y muchas veces tienen éxito! Por esa razón tantas personas se quedan en el pasado mientras otras siguen avanzando.
Recordemos que desilusión es el sentimiento de perder la esperanza y la confianza cuando no sucedió aquello que se anhelaba. En otras palabras, es una expectativa no cumplida.
Si una persona pierde la esperanza y la expectativa de algo bueno, la decepción apaga su fe y su ilusión. La esperanza es la base y fundamento de la fe. La pérdida de la esperanza y el aumento de las desilusiones enferman el corazón.
“La esperanza que se demora es tormento del corazón; Pero árbol de vida es el deseo cumplido” Proverbios 13:12 RV60.
Los enemigos nos empujan a la decepción. Ellos bloquean nuestra mente y corazón para que no lidiemos sabiamente con las desilusiones. Y así nos llevan a la depresión y al luto (dolor y tristeza). Entonces, ¿qué debemos hacer? La respuesta la brinda el apóstol Pablo:
“Pero sobre todo, tomen el escudo de la fe para detener las flechas encendidas del maligno.
Utilicen la salvación como casco protector. Tomen la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” Efesios 6:16-17 PDT.
CONSEJOS PARA TRATAR SABIAMENTE LAS DECEPCIONES
1. Reconocer que las personas no son perfectas, ni son iguales a nosotros.
Debes entender que ellas no tienen nuestras mismas prioridades ni valores.
2. Admitir que en la vida hay toda clase de situaciones: Algunas nos agradan y otras no.
La vida no tiene que ser perfecta para que valga la pena.
3. Ver el lado positivo de cada situación.
Seguido hay que preguntarse: «¿Qué puedo aprender de esto? ¿Cómo le puedo sacar provecho?» Si buscas a Dios en cada circunstancia, puedes dar un giro positivo a un desenlace aparentemente desfavorable.
4. Dejar de escuchar y de obedecer al enemigo.
Y si en algún momento le hiciste caso a su voz, debes confesar eso como pecado y pedirle perdón a Dios.
5. Perdonar a aquellos que te causaron alguna desilusión.
“Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial.
Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre perdonará a ustedes las suyas” Mateo 6:14-15 NVI.
6. Llevar a los pies del Señor todas las decepciones (entregárselas).
“Luego el Señor le dijo a Samuel: «Lamento haber hecho a Saúl rey, porque no me ha sido leal y se ha negado a obedecer mi mandato». Al oírlo, Samuel se conmovió tanto que clamó al Señor durante toda la noche” 1 Samuel 15:10-11 NTV.
Al igual que el profeta, deja todo en manos de Dios para que Él traiga las soluciones y no seas tú juzgando equivocadamente:
“Ahora bien, el Señor le dijo a Samuel: —Ya has hecho suficiente duelo por Saúl. Lo he rechazado como rey de Israel, así que llena tu frasco con aceite de oliva y ve a Belén. Busca a un hombre llamado Isaí que vive allí, porque he elegido a uno de sus hijos para que sea mi rey” 1 Samuel 16:1 NTV.
El escritor Max Lucado también plantea varios consejos sobre este tema. Él comienza recordando que la decepción es producto de expectativas no cumplidas y se cura con expectativas renovadas. Por lo tanto, ¿qué se debe hacer?
a. Mira hacia dentro y no hacia fuera.
“¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío” Salmo 42:5 RV60.
Pide a Dios que te muestre la raíz de tu problema emocional a causa del suceso negativo. ¿Es rabia? ¿Odio? ¿Envida? ¿Falta de perdón? ¿Cansancio mental o físico?
b. Mira hacia arriba, a Dios, para ser redimido de la decepción/desilusión.
“Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán…” Salmo 42:6 RV60.
Recuerda que Dios todo lo gobierna, que Él está en control de todo y que es tu Sanador:
“Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, la victoria y la majestad.
Tuyo es todo cuanto hay en el cielo y en la tierra.
Tuyo también es el reino y estás por encima de todo.
De ti proceden la riqueza y el honor; tú lo gobiernas todo.
En tus manos están la fuerza y el poder; y eres tú quien engrandece y fortalece a todos”
1 Crónicas 29:11-12 NVI.
c. No te esfuerces en entender lo que sucedió.
Dios, en su momento, te hará entender por qué y para qué permitió todo.
d. No permitas que el resentimiento y la amargura te gobiernen.
Vuelve a Dios y brilla para Su gloria:
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.
Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria” Isaías 60:1-2 RV60.