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CIUDADANOS DEL CIELO: LLAMADOS A PERDONAR (PARTE 1)

“Pase lo que pase, compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo. De este modo, ya sea que vaya a verlos o que, estando ausente, solo tenga noticias de ustedes, sabré que siguen firmes en un mismo propósito, luchando unánimes por la fe del evangelio”

— Filipenses 1:27

“Sobre todo, deben vivir como ciudadanos del cielo, comportándose de un modo digno de la Buena Noticia acerca de Cristo…” Filipenses 1:27 NTV. "compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo…” (*NVI*). Ciudadano, según el Diccionario de la Lengua Española, es la “persona considerada como miembro activo de un Estado, titular de derechos políticos y sometido a sus leyes”. En otras palabras, a causa de su nacimiento o de su residencia permanente en un lugar, el ciudadano tiene derechos, pero también tiene deberes. Jesús, orando por sus discípulos y por quienes -en el futuro- creeríamos en Él, dijo: _“*están en el mundo*”_ (*Juan 17:11 RV60*), pero _“*no son del mundo*, como tampoco yo soy del mundo”_ (*Juan 17:15-16 RV60*). Sí, estamos en la tierra, pero de paso, porque nuestro final será eterno. El autor de la carta a los Hebreos lo explica muy bien en el capítulo 11. Él inicia definiendo lo que es la fe y luego comienza a hablar de aquellos personajes antiguos que por la fe alcanzaron buen testimonio (v. *2*). Así menciona a Abel, a Enoc, a Noé, a Abraham, a Isaac, a Jacob, a Sara. Y, luego, dice: _“Todas estas personas murieron aún creyendo lo que Dios les había prometido. Y aunque no recibieron lo prometido, lo vieron desde lejos y lo aceptaron con gusto. Coincidieron en que *eran extranjeros y nómadas aquí en este mundo*._ _Es obvio que quienes se expresan así esperan tener su propio país._ _Si hubieran añorado el país del que salieron, bien podrían haber regresado._ _Sin embargo, *buscaban un lugar mejor, una patria celestial*. Por eso, Dios no se avergüenza de ser llamado el Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad”_ *Hebreos 11:13-16 NTV*. Si imitamos a los Héroes de la Fe, según *Hebreos 11:13*, en este mundo somos: • Extranjeros y nómadas (*NTV*). • Advenedizos (*JBS*). • Peregrinos (*NVI*). • Inmigrantes y refugiados (*PDT*). • Gente de paso (*BLP*). En resumen, somos personas que temporalmente estamos en esta tierra. Y vivimos aquí CONSIDERANDO que un día disfrutaremos de la eternidad a lado de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¿Qué quiero decir con esto? Que nuestra manera de pensar, de hablar, de tomar decisiones, de hacer las cosas es DIFERENTE. ¿Por qué? Porque creo que mi vida no se termina aquí en la tierra, que tengo una eternidad por delante. Entonces lo que ahora vivo en este cuerpo tiene que MOSTRAR MI FE en JESÚS y en la salvación que Él me otorga. Ahora, no es fácil vivir pensando en la vida eterna cuando -día a día- luchamos con temas terrenales: Cuentas por pagar, necesidades personales o de la familia, enfermedades, falta de trabajo, etc., etc. Y aquí en la tierra uno de los temas que más nos afecta son las ofensas que recibimos de las personas que amamos o están cerca de nosotros. Las ofensas son aquellas faltas que cometieron en contra nuestra, esas heridas que nos hicieron sin querer o a sabiendas. También podemos sentirnos ofendidos porque esperábamos algo de una persona y no lo recibimos. Al respecto, en la Biblia leemos una afirmación categórica: _“Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen!”_ *Lucas 17:1 RV60*. El libro “La trampa de Satanás”, de John Bevere, explica que la palabra “tropiezos” proviene del griego, _“skandalizo”_ y se refiere a la parte de la trampa en la que se pone la carnada. En el Nuevo Testamento muchas veces se utiliza para referirse a una trampa colocada por el enemigo, para llevar personas cautivas. El Diccionario Expositivo de Palabras Bíblicas lo traduce como ofensa. O sea que una ofensa es una trampa que nos pone el enemigo para llevarnos cautivos. Hablemos de la ofensa: Siempre habrá alguien que nos ofenda y siempre nosotros podemos constituirnos en ofensores. A veces decimos o hacemos algo que sabemos le causará dolor a otra persona porque pensamos que _“se lo merece”_. En otros casos hablamos apresuradamente, sin pensar, y lastimamos a ese familiar, por lo cual nos lamentamos pensando: _“¿Cómo pude decir eso? Realmente se me salió”._ Y hay otras ocasiones en las que alguien se sintió ofendido y ni nos dimos cuenta. Por ejemplo, esa persona nos vio en la calle y nos miró con alegría para saludarnos. Pero nosotros, distraídos en nuestros pensamientos, pasamos por su lado y ni lo vimos. O quizá nos mandó un Wa con un mensaje bonito y lo dejamos en visto. O tal vez estuvo enfermo y esperaba una llamada nuestra o una visita. Pero, sumidos en el ajetreo cotidiano, no hicimos lo que él/ella anhelaba y se ofendió, se enojó con nosotros. También pudo suceder que nos confió algo muy importante para él/ella y, sin querer, lo comentamos con otra persona que se lo hizo saber. Esa imprudencia lastimó su corazón y se resintió profundamente. En fin, las causas para las ofensas pueden ser muchísimas. En otras palabras, la ofensa es el pan nuestro de cada día. Una vez más: Es que mientras estemos en esta tierra podemos ser ofendidos y también es posible que lleguemos a ser ofensores. Ahora, la ofensa que recibimos, al igual que atravesar el desierto, saca a luz lo que hay en nuestro corazón. Por ejemplo, si alguien me ofendió, puedo reaccionar con enojo porque -en realidad- lastimó mi orgullo. Así la ofensa devela el orgullo que está en mi corazón. Pero ¿qué hacemos con las ofensas? Tenemos que resolverlas inmediatamente. ¿Por qué? Porque si no lo hacemos el diablo se aprovecha de nuestros sentimientos heridos y siembra semillas malignas que después crecen y se vuelven raíces de árboles tenebrosos. _“Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle». No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados, porque el enojo da lugar al diablo”_ *Efesios 4:26-27 NTV*. _“Si alguna vez se enojan, que el enojo no llegue hasta el punto de pecar, ni que les dure más allá de la puesta del sol. Y no den al diablo oportunidad alguna”_ (*BLPH*).

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