Devocional de hoyLA REBELDÍA: UN OBSTÁCULO MAYOR PARA LA COMUNIÓN Y EL AVIVAMIENTO
“Dios da un hogar a los desamparados y dicha a los cautivos que libera; pero los rebeldes habitarán en el desierto.”
— Salmo 68:6
“Dios prepara un hogar para los solitarios; Conduce a los cautivos a prosperidad; Solo los rebeldes habitan en una
tierra seca” Salmos 68:6 NBLA.
“Dios da un hogar a los desamparados y dicha a los cautivos que libera; pero los rebeldes habitarán en el desierto”
(NVI).
“(Dios) les da hogar a los desamparados, y libertad a los presos; pero a los que no lo obedecen les da tierras que nada
producen” (TLA).
Vivir en tierra seca, en desierto o en un territorio que no produce nada es lo contrario a vivir en avivamiento. En el
anterior pasaje leímos que la infertilidad era causada por la rebeldía y la desobediencia. Entonces, no podemos ser
rebeldes y desobedientes y esperar la bendición de Dios. Al contrario, nuestra rebeldía nos condena, de acuerdo con
el mensaje de Jeremías al pueblo de Judá:
“Tu maldad te castigará
y tus rebeldías te condenarán;
reconoce, pues, y ve cuán malo y amargo
es el haber dejado tú a Jehová, tu Dios,
y no tener temor de mí,
dice el Señor, Jehová de los ejércitos” Jeremías 2:19 RVR1995.
Pero ¿por qué en la Biblia la rebelión es considerada un pecado grave? Al respecto encontramos una explicación
interesante en Got Questions:
“La rebelión es el rechazo a la autoridad. La rebelión puede llegar a ser violenta… aunque también puede no
expresarse. La rebelión siempre comienza en el corazón. La rebelión contra la autoridad de Dios fue el primer pecado
de la humanidad (Génesis 3) y sigue siendo nuestra ruina. Nuestra naturaleza pecaminosa no quiere someterse a la
autoridad de otro, incluso a la de Dios. Queremos ser nuestros propios jefes, y esa rebelión en el corazón humano es la
raíz de todo pecado (Romanos 3:23)”.
Ahora, la Palabra varias veces menciona lo que sucede con aquel que obedece al Señor:
“Si ahora ustedes me son del todo obedientes y cumplen mi pacto, serán mi propiedad exclusiva entre todas las
naciones…” Éxodo 19:5 NVI.
“Bendito es el hombre que confía en el SEÑOR,
cuya confianza es el SEÑOR.
Será como árbol plantado junto al agua,
Que extiende sus raíces junto a la corriente;
No temerá cuando venga el calor,
Y sus hojas estarán verdes;
En año de sequía no se angustiará
Ni cesará de dar fruto” Jeremías 17:7-8 LBLA.
Como observamos, aquel que camina en obediencia da fruto y recibe bendición en todo tiempo, incluso en época seca.
La rebeldía y la desobediencia son un estorbo mayor para la vida de comunión con Dios y el avivamiento.
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Hay personas que trabajan mucho y se esfuerzan, pero no ven el fruto de todo lo que hacen porque la rebeldía y la
desobediencia son venenos que matan las semillas que siembran. Ellas traen sequía al alma, producen raíces de
amargura, rencor, odio y desesperanza. Además, nos desconectan de Dios y su plan y también de otras personas.
“…¿Se complace el SEÑOR tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del SEÑOR? Entiende, el
obedecer es mejor que un sacrificio, y el prestar atención, que la grasa de los carneros.
»Porque la rebelión es como el pecado de adivinación, y la desobediencia, como la iniquidad e idolatría…” 1 Samuel
15:22-23 NBLA.
La obediencia es necesaria para una comunión correcta con Dios.
“El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido”
Salmos 51:17 NVI.
Siempre que vamos ante Dios con un corazón quebrantado y arrepentido (el cual es contrario al corazón rebelde),
encontramos aceptación. ¿Por qué? La respuesta la brinda el salmista:
“Dios mío, tú estás en el cielo, pero cuidas de la gente humilde; en cambio, a los orgullosos los mantienes alejados de
ti” Salmos 138:6 TLA.
Te invito a leer Deuteronomio 28, un capítulo donde vemos las promesas de Dios para quien camina en obediencia y
las consecuencias para aquel que se mueve en rebeldía.
Hoy es el día en el que le permitiremos al Espíritu Santo escudriñar nuestro corazón para que nos muestre la rebeldía
que hay en él. La misma puede ser activa o pasiva, como se mencionó antes. Cualquiera que sea la rebeldía,
necesitamos confesarla como pecado, arrepentirnos, pedirle ayuda a Dios para cambiar y caminar en humildad delante
de Él. ¿Cómo lo hacemos? Siguiendo las enseñanzas de 2 Crónicas 7:14 NVI “si mi pueblo, que lleva mi nombre, se
humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y
restauraré su tierra”.
Por lo tanto, sí es posible dejar de tener una tierra seca y árida, como un desierto, y poseer una tierra completamente
sana. De igual manera, tú y tu familia pueden disfrutar de una vida abundante, que empieza en la comunión con Dios
y los llevará al avivamiento.
“Dice el Señor:
«Voy a curarlos de su rebeldía;
voy a amarlos aunque no lo merezcan,
pues ya se ha apartado de ellos mi ira” Oseas 14:4 DHH.