Devocional de hoyCIUDADANOS DEL CIELO: LLAMADOS A PERDONAR (PARTE 5)
“Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias y toda forma de malicia.”
— Efesios 4:31
Ahora que estudiamos el tema del perdón es propicio recordar la historia de Corrie ten Boom.
Corrie nació en la ciudad de Haarlem, en Holanda. Ella tenía 2 hermanas y un hermano. Su papá era un experto fabricante de relojes. Por esa razón ella quiso dedicarse a lo mismo. Así se convirtió en la primer mujer relojera con licencia en Holanda.
Cuando era niña, su padre les leía la Biblia todos los días y les enseñaba a memorizar versículos. Él coleccionaba muchas Biblias escritas en diferentes idiomas. Así que los niños aprendieron un poco de alemán, francés, inglés, griego y hebreo. Esto le resultó muy útil cuando fue prisionera.
La familia de Corrie era muy compasiva. Después de la Primera Guerra Mundial adoptó a varios niños alemanes hasta que tuvieron edad suficiente para regresar a su país.
En la Segunda Guerra Mundial, cuando los alemanes vencieron a los holandeses y los invadieron, los Ten Boom observaron que los judíos misteriosamente desaparecían. Ellos vieron cómo atacaban a sus amigos y vecinos.
Corrie y su familia comenzaron a ayudar a los judíos. Los tenían un tiempo con ellos y les encontraban casas seguras en Holanda y por toda Europa. Incluso construyeron un refugio. Dividieron la habitación de Corrie con una pared falsa que tenía una pequeña puerta corrediza. Allí vivían 6 personas secretamente.
Un día un espía le tendió una trampa a Corrie y denunció que ella estaba ayudando a los judíos. Así, a sus cincuenta y un años, la detuvieron a ella, a sus hermanos y a su padre. A los 10 días su papá murió.
Ella y su hermana Betsy quedaron como prisioneras y el resto de su familia fue liberada. Una de sus hermanas consiguió entregarle una pequeña Biblia que Corrie escondió muy bien.
A Corrie y a Betsy las enviaron a Vught, un campamento para prisioneros en Holanda. Allí trabajaban 11 horas al día, pero en la noche tenían reuniones secretas de oración y leían la Biblia.
Muchas mujeres encontraron esperanza en la Palabra de Dios que Corrie leía y en la promesa de vida después de la muerte para los que creían en Jesús.
Después ambas prisioneras fueron enviadas a Ravensbruck, un campo de concentración en Alemania, que era conocido porque nadie regresaba vivo de ese lugar. La gente moría de hambre o de enfermedades o eran asesinados a balazos o en las cámaras de gas.
Allí, cada noche, las 2 hermanas seguían leyendo la Palabra y orando con las otras prisioneras. Ellas traducían los versículos a los idiomas que sabían y otras mujeres los traducían al ruso, al checo, etc.
Con el paso de los meses la salud de Betsie empeoró. Ella empezó a toser sangre y, al poco tiempo, murió.
Un día, por error liberaron a Corrie. Una semana después se enteró que, a todas las mujeres de su edad, las mataron.
Corrie le preguntó a Dios qué quería que hiciera ahora que estaba libre. Ella se acordó que, en la prisión, su hermana Betsy tuvo la visión de una casa grande donde se cuidaba a las personas afectadas por la guerra y también que un campamento alemán para prisioneros sería utilizado para ayudar a los desamparados.
Cuando terminó la guerra, a los pocos meses, Corrie empezó a hablar en público por toda Holanda. Ella compartió la visión de Betsy de cuidar a las víctimas de la guerra. Así se estableció el hogar que acogió a exprisioneros y después abrieron un hogar en un antiguo campo de concentración en Alemania.
Corrie viajó por todo el mundo contando a la gente sobre esos hogares y el amor de Dios. En 33 años visitó más de 60 países.
En uno de esos viajes vio a un guardia que trabajó en Ravensbruck. Él se acercó a ella y le dijo: _“Sé que Dios me ha perdonado por las cosas crueles que hice allí. Me gustaría escuchar que tú también me perdonas”_. Corrie sintió que no podía perdonarlo por sí misma. Así que, orando, le dijo a Jesús que le ayudara. ¡Y pudo perdonarlo!
Fue una de las cosas más difíciles que Dios le pidió a Corrie que hiciera. Pero cuando ella oró, Él le dio el poder para hacerlo.
Corrie pudo perdonar a su verdugo porque siguió el ejemplo de su Maestro:
_“Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda._
_Y Jesús decía: *Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen*. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes”_ *Lucas 23:33-34 RV60*.
En la tierra a varios no les caeremos bien. En verdad, no somos monedas de oro para agradarles a todos. Las personas nos pueden maltratar, pero tenemos que mirar al Señor:
_“Piensen en el ejemplo de Jesús. Mucha gente pecadora lo odió y lo hizo sufrir, pero él siguió adelante. Por eso, ustedes no deben rendirse ni desanimarse”_ *Hebreos 12:3 TLA*.
Mientras estemos vivos las ofensas continuarán y cada persona tendrá que elegir entre 2 opciones:
*a.* Retener la ofensa.
*b.* Perdonar la ofensa, es decir resolverla.
Al respecto, la enseñanza de la Palabra es muy clara:
_“Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta._
_Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y *perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes* por medio de Cristo”_ *Efesios 4:31-32 NTV*.