Devocional de hoyAPRENDER A CUIDAR LA PRESENCIA DE DIOS (PARTE 5)
“Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.”
— Proverbios 4:23
LA VIDA DEL ALTAR FUERTE
Dios quiere que tengamos una vida del altar fuerte. ¡El altar es nuestro corazón! Cuando Jesús vino a la tierra, Él cambió todas las reglas. Ya no es necesario, como en el Antiguo Testamento, edificar un altar de piedra. Sólo tenemos que humillarnos diariamente para que Dios haga un tratamiento adecuado en el altar.
El Señor manda a cada hijo suyo:
“Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida” Proverbios 4:23 NVI.
Del corazón mana la vida de oración, de adoración… Esto nos habla de intimidad con Él. Es que nuestra mayor responsabilidad en la tierra no es hacer la obra del Señor. Es la comunión con Él para tener un corazón puro, sano, sin contaminación, sin temores…
Dios, en este tiempo, apunta al corazón porque ahí mora Él. El desafío personal es darle licencia total para que trabaje en la vida del altar (en el corazón).
El Señor tiene altas expectativas sobre su pueblo. Él cuenta con nosotros y espera en nosotros. Por eso, en este tiempo, Dios quiere:
1. Sanar el altar y restaurarlo Eso hizo Manasés después de arrepentirse de todos sus pecados y de limpiar el Templo del Señor.
“Luego reconstruyó el altar del Señor, y en él ofreció sacrificios de comunión y de acción de gracias, y ordenó a Judá que sirviera al Señor, Dios de Israel” 2 Crónicas 33:16 NVI.
2. Encender el altar Entonces surge un corazón que brilla, una vida que cumple el deseo de su Señor, que se constituye en la sal del mundo.
“Entonces Jesúa, hijo de Josadac, con sus parientes, que eran sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Salatiel, con sus parientes empezaron a construir el altar del Dios de Israel para ofrecer holocaustos, según lo estipulado en la Ley de Moisés, hombre de Dios.
A pesar del miedo que tenían de los pueblos vecinos, colocaron el altar en su mismo sitio. Y todos los días, por la mañana y por la tarde, ofrecían holocaustos al Señor” Esdras 3:2-3 NVI.
3. Poner el altar en fuego
“Entonces Elías dijo a todo el pueblo: —¡Acérquense a mí! Así lo hicieron. Y como estaba en ruinas el altar del Señor, Elías lo reparó.
A la hora del sacrificio vespertino, el profeta Elías dio un paso adelante y oró así: «Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, que todos sepan hoy que tú eres Dios en Israel y que yo soy tu siervo y he hecho todo esto en obediencia a tu palabra.
¡Respóndeme, Señor, respóndeme, para que esta gente reconozca que tú, Señor, eres Dios y estás haciendo que su corazón se vuelva a ti!».
En ese momento, cayó el fuego del Señor y quemó el holocausto, la leña, las piedras y el suelo, y hasta lamió el agua de la zanja” 1 Reyes 18:30, 36-38 NVI.
EL CUIDADO DE LA VIDA DEL ALTAR
Darrin Patrick, pastor y fundador de una mega iglesia en Misuri, Estados Unidos, se suicidó el 8 de mayo del 2020. Él era un pastor exitoso que escribió muchos libros. Tenía fama y dinero, pero también varios problemas. Al parecer lo despidieron y entró en un proceso de 26 meses de recuperación. En ese tiempo, le hicieron una entrevista. Él dijo: “Yo estaba gastando una cantidad de energía en sostener mi imagen personal, en lugar de cuidar mi corazón”.
Darrin señaló que “la fama, el dinero y poca madurez espiritual, es la receta para el desastre”.
¿Qué le pasó al pastor Darrin? Él no supo cuidar la vida del altar. Muchas veces, el ser humano –de manera inconsciente– edifica un monumento a sí mismo (como lo hizo Saúl) en lugar de levantar un altar al Señor (Ver 1 Samuel 15:12).
La pregunta es: ¿En qué estás gastando tu energía? ¿En trabajar durísimo como un zonzo o en trabajar como un sabio? ¿En cuidar tu gestión/ministerio/imagen personal o en atender tu corazón?
Necesitamos hacer un servicio inteligente, sabio, equilibrado. Atendemos primero la vida del altar y, luego, la del ministerio.
Al respecto, que nuestra oración diaria sea: “Renuncio a cuidar mi imagen personal y hoy decido, con la ayuda del Espíritu Santo, cuidar mi testimonio (mi altar)”.