Devocional de hoyEN LA LÍNEA DE PARTIDA
“Pero el que se une al Señor se hace uno con él en espíritu.”
— 1 Corintios 6:17
Bienvenido a estos 21 días de ayuno y preparación para la comunión íntima con Dios y el avivamiento. Lo felicitamos por tomar la firme decisión de organizarse y esperar con expectativa y fe lo que el Señor más desea para su vida: COMUNIÓN CON ÉL Y AVIVAMIENTO.
Comunión con Dios es el primer llamado de todo cristiano, es nuestro propósito de vida.
Comunión con Dios es conocerlo, escucharle, obedecerle, caminar con Él cada día, ser uno con Él (1 Corintios 6:17) y saber lo que hay en Su corazón. Comunión con Dios es DISFRUTAR a Dios y esto le trae mucho placer a Él.
Avivamiento es la expresión visible de esa comunión con Dios en nuestras vidas. La comunión con Dios resulta en una vida de avivamiento. Quienes tienen comunión con Dios, tienen la vida de Cristo en ellos, viven como Jesús, hablan como Él, actúan como Él, se relacionan como Él y cuentan con Su poder.
Siguiendo la enseñanza del gran mandamiento (Marcos 12:29-31), podríamos afirmar que la comunión con Dios es amar a Dios y el avivamiento es vivir amando al prójimo.
Dios desea con todo Su corazón que tengamos comunión con Él y vivamos en avivamiento:
“Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” 1 Corintios 1:9 RV60.
“Ahora pues, arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios para que sus pecados sean borrados.
Entonces, de la presencia del Señor vendrán tiempos de refrigerio y él les enviará nuevamente a Jesús, el Mesías designado para ustedes” Hechos 3:19-20 NTV.
Tener vidas de comunión y avivamiento es algo que Dios desea para nosotros y también hace en nosotros. Pero para eso debemos anhelar lo mismo que el Padre, esperar en Él, disponernos a obedecerle y alinearnos a Su voluntad.
Participar en estos 21 días de ayuno:
• Es la manera de prepararnos para estar sensibles a Su voz y recibir todos los tesoros que Dios quiere darnos.
• Es unirnos a Él en sus buenos deseos para nosotros.
• Es creer que Él quiere tener comunión con nosotros sin importar quienes somos.
• Es anhelar con todo nuestro ser Su amistad.
“Después de esto, derramaré mi Espíritu sobre todo ser humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán sueños los ancianos y los jóvenes recibirán visiones.
En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre los siervos y las siervas” Joel 2:28-29 NVI.
Jeremías 24:7 NVI afirma: “Les daré un corazón para que me conozcan, pues yo soy el Señor. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, porque volverán a mí de todo corazón”.
Dios, por medio de su Espíritu Santo, trabaja en nosotros preparando el corazón, la cultura y el carácter para vivir la vida de comunión y avivamiento. Él pondrá en nosotros un corazón para conocerlo, ser su pueblo y Él nuestro Dios (COMUNIÓN).
“Entonces no nos apartaremos de ti; avívanos, e invocaremos tu nombre.
Oh Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros y seremos salvos” Salmos 80:18-19 LBLA.
Dios, por medio del Espíritu Santo, también trabaja en cada uno de sus hijos para encendernos, activarnos, restaurarnos y hacer resplandecer su rostro sobre nosotros. “¡Avívanos, e invocaremos tu nombre!” (AVIVAMIENTO).
Si bien Dios -por medio de su Espíritu- hace esta obra, nuestra parte es prepararnos, alinearnos y unirnos a Él en Su plan para nosotros. Recuerda: Dios quiere que tengas una vida de comunión con Él y de avivamiento.
Mientras Jesús vivió en la tierra ejemplificó una vida de comunión y avivamiento. Él es el modelo por seguir y nuestra meta. De Él aprendemos a prepararnos y a vivir en comunión con Dios y en avivamiento.
En uno de los mayores momentos de comunión de Jesús, la santa cena (llamada “comunión” por algunos) aprendemos algo importante:
“El primer día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: —¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
Él les contestó: —Vayan a la ciudad, a casa de Fulano, y díganle: “El Maestro dice: Mi hora está cerca, y voy a tu casa a celebrar la Pascua con mis discípulos.”
Los discípulos hicieron como Jesús les había mandado, y prepararon la cena de Pascua.
Cuando llegó la noche, Jesús estaba a la mesa con los doce discípulos” Mateo 26:17-20 DHH.
Este momento histórico de comunión con Jesús (Dios) requirió una PREPARACIÓN. Alguien tuvo que ir y alistar el lugar para que Jesús compartiera la comida con ellos. En esa mesa, los discípulos escucharon el corazón de Jesús, sus planes, sus sentimientos, comieron con Él e incluso adoraron juntos.
Tu corazón es la mesa donde Jesús quiere sentarse a tener comunión contigo. ¡Necesitas preparar tu corazón para recibir a Jesús, tener intimidad con Él y que esa amistad profunda produzca una vida de avivamiento!
“Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Sé, pues, celoso y arrepiéntete.
Yo estoy a la puerta y llamo; si alguien oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” Apocalipsis 3:19-20 NBLA.
“Una voz clama: Preparen en el desierto camino al Señor; Allanen en la soledad calzada para nuestro Dios” Isaías 40:3 NBLA.
Juan el bautista fue llamado “aquel que preparó el camino”.
“…«Yo estoy por enviar a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino»
«Voz de uno que grita en el desierto: “Preparen el camino para el Señor, háganle sendas derechas”».
Así se presentó Juan, bautizando en el desierto y predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados.
Toda la gente de la región de Judea y de la ciudad de Jerusalén acudía a él. Cuando confesaban sus pecados, él los bautizaba en el río Jordán.
La ropa de Juan estaba hecha de pelo de camello. Llevaba puesto un cinturón de cuero y comía langostas y miel silvestre.
Predicaba de esta manera: «Después de mí viene uno más poderoso que yo; ni siquiera merezco agacharme para desatar la correa de sus sandalias.
Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo»” Marcos 1:2-8 NVI.
Y una de sus frases más conocidas y que será necesaria en nuestras vidas de comunión y avivamiento fue: “A él le toca crecer y a mí, menguar” Juan 3:30 NVI.
Es nuestra oración y fe que al final de estos 21 días podamos llegar a la misma conclusión: “A él le toca crecer y a mí, menguar”. También oremos para que el Espíritu Santo corrija todas las áreas de nuestro corazón, carácter y cultura como a Él le plazca. Así preparamos el camino para tener vidas de comunión con Dios y avivamiento.