Devocional de hoySANIDAD DE LA IDENTIDAD DE HIJO DE DIOS
“―Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.”
— Juan 14:6
Ya vimos que la ausencia de los padres, o la falta de una relación afectiva con los mismos, deja en los hijos un sentimiento de orfandad, el mismo que afecta a su identidad. Y cuando la persona no conoce su verdadera identidad en Dios, es vulnerable para creer mentiras acerca del Señor y de sí misma.
La tendencia del ser humano es proyectar esa paternidad ausente a Dios, comparando al padre terrenal con el Padre celestial. Para dejar de proyectar este razonamiento o sentimiento hacia Dios, debemos acercarnos a la verdad, porque la verdad nos revelará nuestra verdadera identidad.
Acercarnos a la verdad, más que un concepto, es acercarnos a una persona: A Jesucristo.
«Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» Juan 14:6 RV60.
Jesús, el unigénito Hijo de Dios, es quién nos revela al Padre. Si a causa de una herida paterna no podemos ver a Dios como Padre, basta con ver e intimar con Jesucristo para conocer -en verdad- al Padre.
«Si ustedes realmente me conocieran, conocerían también a mi Padre. Y ya desde este momento lo conocen y lo han visto. —Señor —dijo Felipe—, muéstranos al Padre y con eso nos basta. Jesús le contestó: —¡Pero, Felipe! ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decirme: “Muéstranos al Padre”?» Juan 14:7-9 NVI.
La identidad de hijo que debe afectar todo nuestro ser —espíritu, alma y cuerpo— es la identidad de «Hijos de Dios» y esa identidad la da Dios a través de Jesucristo.
«Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» Juan 1:12 RV60.
«Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús» Gálatas 3:26 NVI.
El conocer nuestra identidad de hijos de Dios, nos da libertad para acercarnos a un Padre amoroso, bondadoso, misericordioso, paciente, perdonador, capaz de dar su vida por amor a cada uno de nosotros. En fin, nos da libertad para decirle: ¡Abba, Padre!
«Y debido a que somos sus hijos, Dios envió al Espíritu de su Hijo a nuestro corazón, el cual nos impulsa a exclamar “Abba, Padre”» Gálatas 4:6 NTV.
«Y ustedes no han recibido un espíritu que los esclavice al miedo. En cambio, recibieron el Espíritu de Dios cuando él los adoptó como sus propios hijos. Ahora lo llamamos «Abba, Padre» Romanos 8:15 NTV.