Devocional de hoyLA INTIMIDAD CON DIOS NACE DE NUESTRA VIDA DE AMOR A ÉL
“Uno de los maestros de la Ley se acercó y los oyó discutiendo. Al ver lo bien que Jesús les había contestado, le preguntó: ―De todos los mandamientos, ¿cuál es el más importante?”
— Marcos 12:28
“Uno de los maestros de la Ley se acercó y los oyó discutiendo. Al ver lo bien que Jesús había contestado, preguntó: —De todos los mandamientos, ¿cuál es el más importante?
Jesús contestó: —El más importante es: “Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor.
Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.
El segundo es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. No hay otro mandamiento más importante que estos” Marcos 12:28-31 NVI.
“Toda la enseñanza de la Biblia se basa en estos dos mandamientos” Mateo 22:40 TLA.
Después de leer reflexivamente estos pasajes, llegamos a la conclusión de que -a diario- debemos cuidar nuestra VIDA DE AMOR.
“Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida” Proverbios 4:23 NVI.
“Por tanto, imiten a Dios como hijos muy amados, y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios” Efesios 5:1 NVI.
Hay una historia muy triste que nos desafía a dar amor. Hitler creció acumulando una furia que no pudo expresar ante su padre, quien frecuentemente lo maltrataba. El padre de Hitler era muy violento. Él recibió el mismo trato de su padre, quien era judío. La furia del abuelo y del padre de Hitler estalló en su hijo Adolf Hitler. Y la furia de Hitler estalló sobre los judíos, matando a 6 millones de ellos. Si alguien hubiera abrazado a Hitler durante su infancia y adolescencia, probablemente la historia hubiera sido otra.
Muchas veces un abrazo sana el enojo, la furia, la amargura… No hay nada más poderoso que un abrazo lleno del amor de Dios.
“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” Mateo 5:43-44 RV60.
Debido a que entran virus a nuestra VIDA DE AMOR, hay que ORAR y CLAMAR con frecuencia para que Dios sane y restaure nuestra vida de expresar y dar amor. Y ¿cómo el Señor puede hacer eso? A través de la purificación espiritual.
En resumen, debemos llenarnos del amor de Dios, de su presencia amorosa, para tener Su amor activado y darlo a otros.
EL AMOR DE DIOS TODO LO TRANSFORMA
“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.
No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.
El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad.
Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” 1 Corintios 13:4-7 NVI (CST).
La Presencia amorosa de Dios es:
• Presencia generosa.
• Presencia perdonadora.
• Presencia bondadosa.
• Presencia llena de la plenitud de gozo.
• Presencia redentora.
• Presencia misericordiosa.
• Presencia fiel.
• Presencia llena de gracia.
• Presencia milagrosa.
• Presencia sanadora.
• Presencia restauradora.
• Presencia restituidora.
• Presencia resucitadora.
• Presencia llena de compasión.
• Presencia todopoderosa.
• Presencia transformadora.
• Presencia santa y purificadora.
Dios dice: “Quiero que tú expreses y manifiestes el amor que te doy cada día”. ¡Ese es el desafío que Él nos hace!
Clamemos para que la presencia de Dios limpie, sane y restaure nuestra vida de amor, de fe, de gracia, de paz y de gozo.
“Con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje hacia mí; los acerqué a mis mejillas como si fueran niños de pecho; me incliné a ellos para darles de comer, pero ellos no quisieron volverse a mí…” Oseas 11:4-5 DHH.
Pidamos Dios que se cumpla en nosotros el deseo del apóstol Pablo para los creyentes de Tesalónica:
“Que el Señor lleve sus corazones a amar como Dios ama y a perseverar como Cristo perseveró” 2 Tesalonicenses 3:5 NVI.
Específicamente tenemos que clamar que Dios sane nuestro corazón y alma de las obras de la carne que dañan el amor que el Señor ya puso en nosotros y que sigue construyendo y afirmando.
El fruto de nuestra comunión con el Espíritu Santo es el amor. Y el amor se manifiesta con ternura, compasión, misericordia, cariño, cordialidad, afecto, perdón…
En cambio, las obras de la carne (los anti-frutos) son odio, rencor, amargura venganza, ira, enojo, queja resentimiento, indiferencia, apatía, mediocridad, maldad, etc.
“Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” Romanos 8:13 RV60.
Las obras de la carne (esas impurezas que dañan nuestra vida de amor) son: Ansiedad, desánimo, decepción, dudas, miedos, negativismo, derrotismo, orgullo, egocentrismo, autosuficiencia, falta de perdón…
Y aquí vale la pena brindar un ejemplo: Tienes miedo de amar, porque te pagaron mal o porque piensas que no responderán. Con el tiempo, ese miedo se convierte en una atadura y dices así: “No me dan amor. Tampoco yo voy a expresar amor” (Ese es un acuerdo con el enemigo).
Otro pensamiento frecuente en esta época es: “Si no me busca, tampoco lo haré yo”. Y aquí la atadura está en esperar que te expresen amor para recién expresar tu amor a otros.
Por esta mentalidad que impera en la actualidad, una oración frecuente del cristiano debería ser:
“Señor: Sana traumas, heridas y dolores del pasado en mi vida de amor. También rompe cadenas y trae libertad completa sobre mí para que sea instrumento eficaz de tu amor, que es el único que puede transformar vidas”.
Dios quiere traer purificación espiritual sanadora y restauradora a nuestra vida de amor para que expresemos y demos su amor. Pero cada cristiano debe cuidar su vida de amor. Y eso le exige adquirir la Cultura del Perdón, que implica perdonar y pedir perdón.
Hagamos un Pacto con el Señor de dar amor, de ser atento, cariñoso y amable. Eso romperá todo nudo y yugo carnal primero en nosotros y, luego, en los demás. De corazón, digámosle:
“Señor: Porque tú vives en mí, mi normalidad espiritual debería ser dar tu amor, aunque no lo merezcan. Pero ese deseo no nace en mi interior. Por eso te pido que me des tu cultura de amor, que desates mi vida de amor. Haz que yo sea capaz de expresar amor, de manifestarlo de diferentes maneras. Amén”.