Devocional de hoyHABITAR EN LA PRESENCIA DE DIOS Y NO EN LOS VALLES
“El que habita al abrigo del Altísimo descansará a la sombra del Todopoderoso.”
— Salmo 91:1
El Señor no nos manda a habitar en los problemas, en las crisis o en las enfermedades. Él nos invita a habitar en Su Presencia. Y para vivir en Su Presencia, debemos dejar de habitar en el estrés, la ansiedad, el desánimo, etc. Entonces, tenemos que salir de esas habitaciones terrenales y carnales.
Si vivimos en el enojo, la duda, la inseguridad, la contrariedad…:
• Perdemos posición espiritual.
• Dañamos nuestra vida del altar.
• Se quita brillo a nuestra espiritualidad.
• Caemos en el gobierno de la carne.
Por eso tenemos que tomar esta decisión firme:
No habito en el valle, porque es mi circunstancia temporal.
Habito en tu Presencia, oh Dios.
Si habitamos en la carne, es decir si la carne mora en nosotros, despojamos al Espíritu (vivimos al revés).
Puntualizando: Si nuestras circunstancias nos llevan a habitar en la angustia, en la tristeza, etc., es señal que pusimos la tierra en primer lugar o que nosotros nos pusimos en primer lugar. Y la voluntad de Dios para sus hijos es muy diferente:
“El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente.
Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré” Salmos 91:1-2 RV60.
“Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo” Isaías 32:18 RV60.
“Anhelo habitar en tu casa para siempre y refugiarme debajo de tus alas” Salmos 61:4 NVI (CST).
Así, el Gran Desafío de los cristianos es aprender a habitar en la Presencia de Dios permanentemente, porque sólo así seremos útiles para Él:
“Permanezcan en mí, y yo en ustedes. Como la rama no puede llevar fruto por sí sola si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en mí.
Yo soy la vid, ustedes las ramas. El que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto. Pero separados de mí nada pueden hacer” Juan 15:4-5 RVA-2015.
CAMBIAR LA TIERRA POR EL CIELO
Nos cuesta mucho cambiar la tierra por el cielo… Es difícil hacer que prevalezca nuestra ciudadanía celestial aquí en la tierra. Eso no sucedió con los Héroes de la Fe mencionados en Hebreos:
“Todas estas personas murieron aún creyendo lo que Dios les había prometido. Y aunque no recibieron lo prometido, lo vieron desde lejos y lo aceptaron con gusto. Coincidieron en que eran extranjeros y nómadas aquí en este mundo.
Es obvio que quienes se expresan así esperan tener su propio país.
Si hubieran añorado el país del que salieron, bien podrían haber regresado.
Sin embargo, buscaban un lugar mejor, una patria celestial. Por eso, Dios no se avergüenza de ser llamado el Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad” Hebreos 11:13-16 NTV.
Definitivamente, a la mayoría se le hace complicado pensar más en el cielo que en los temas de la tierra. ¿Por qué sucede esto? Porque estamos muy arraigados en la tierra.
El problema surge por nuestros hábitos del corazón y de la mente: ¡Pensamos más en nosotros que en Dios!
Sí, cuando prevalece la vida terrenal, pensamos más en nosotros. En cambio, cuando predomina la vida celestial, pensamos más en Dios.
Lo cierto es que no nos resulta fácil consumir las verdades del cielo porque las urgencias de la tierra nos llevan a creer verdades relativas o incluso mentiras.
La vida más olor a tierra que a cielo es una vida inferior. En contraposición, la vida más olor a cielo que a tierra es una vida superior.
De igual manera, la vida de esfuerzo propio es una vida inferior. En cambio, la vida de gracia es una vida superior.
La intimidad con Dios nos lleva a mayores niveles de fe y conquista. Recordemos que hay distintos niveles de fe:
1. Creer.
2. Confiar.
3. Depender (implica someterse y andar por fe).
4. Descanso y reposo.
5. Conquista y señales (vida fructífera)
En conclusión, la mayor conquista -en la Gracia de Dios- es comunión íntima con Él que nos lleva a una vida más olor y sabor a cielo que a tierra.