Devocional de hoyADIÓS A LA QUEJA
“Aconteció que el pueblo se quejó de las dificultades que estaba sufriendo. Al oírlos el Señor, ardió en ira y su fuego consumió los alrededores del campamento.”
— Números 11:1
En la Biblia podemos leer algunos pasajes de la historia de Israel. Allí vemos que esta nación se constituye en un ejemplo de cómo somos los cristianos en este tiempo.
“Poco después el pueblo comenzó a quejarse de las privaciones que enfrentaba, y el Señor oyó todo lo que decían. Entonces el enojo del Señor se encendió contra ellos y envió un fuego que ardió entre ellos y destruyó a algunos en las afueras del campamento” Números 11:1 NTV.
Al respecto diríamos: “Las privaciones eran reales… Por lo tanto, el pueblo podía quejarse…” Pero eso no es verdad, porque a Dios no le agrada la queja de ninguna persona.
Como leímos, el Señor escucha cuando nos quejamos. Es más, nuestra queja le causa enojo al Señor. ¡Qué bueno que Él no nos castiga como a Israel! Y aquí surge una pregunta lógica: ¿Qué pasaría si Él enviara un fuego para quemarnos cada vez que escuchara nuestras quejas? ¿Hoy estaríamos vivos?
Lo cierto es que Dios conoce nuestra queja:
“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” Hebreos 4:13 RV60.
En realidad, no le podemos esconder al Señor quejas, molestias, descontentos, disgustos… ¡Nada!
Continuando con la historia de Israel, la Palabra señala que “el pueblo pidió ayuda a gritos a Moisés, y cuando él oró al Señor, el fuego se apagó” Números 11:2 NTV.
Moisés intercedió por el pueblo varias veces. Podríamos decir que eran unos quejumbrosos, unos malagradecidos (al fin y al cabo, Moisés los sacó de la esclavitud), unos pecadores… Pero igual Moisés siempre clamaba a Dios por ellos.
Eso nos habla de un corazón misericordioso que le pedía al Señor que los perdonara y no tomaba esa actitud de superioridad pensando: “Son unos pecadores… Ahora que Dios los castigue”.
El Señor escuchaba a Moisés. Él le concedía lo que pedía… Tal vez lo hacía porque rogaba por perdón, misericordia y gracia para otros.
La verdad es que la queja es un cáncer desagradable:
“Entonces la gentuza extranjera que viajaba con los israelitas comenzó a tener fuertes antojos por las cosas buenas de Egipto. Y el pueblo de Israel también comenzó a quejarse: «¡Oh, si tuviéramos un poco de carne! —exclamaban—.
Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto y teníamos todos los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos que queríamos.
¡Pero ahora lo único que vemos es este maná! Hasta hemos perdido el apetito»” Números 11:4-6 NTV.
¿Qué enseñanzas sobre la queja podemos extraer del anterior pasaje? La queja:
• Se contagia (de los extranjeros a los israelitas).
• Produce ceguera (dijeron que comían el pescado gratis cuando eran esclavos y recibían la comida para que siguieran trabajando para los egipcios).
• Ocasiona que despreciemos lo que Dios nos da (el pueblo no valoró el maná, el pan del cielo, que recibían todos los días).
• Es una señal de rechazo a Dios (Ver Números 11:20 NTV).
Posteriormente, el entorno de queja que mantenía el pueblo terminó afectando a Moisés:
“(Moisés) le dijo al Señor: —¿Por qué me tratas a mí, tu servidor, con tanta dureza? ¡Ten misericordia de mí! ¿Qué hice para merecer la carga de todo este pueblo?
¿Acaso yo los engendré? ¿Los traje yo al mundo? ¿Por qué me dijiste que los llevara en mis brazos como una madre a un bebé de pecho? ¿Cómo puedo llevarlos a la tierra que juraste dar a sus antepasados?
¿De dónde se supone que voy a conseguir carne para toda esta gente? No dejan de quejarse conmigo diciendo: “¡Danos carne para comer!”.
¡Solo no puedo soportar a todo este pueblo! ¡La carga es demasiado pesada!
Si esta es la manera como piensas tratarme, sería mejor que me mataras. ¡Hazme ese favor y ahórrame esta miseria!” Números 11:11-15 NTV.
Moisés se queja del pueblo porque era una carga muy pesada para él (ellos eran personas muy exigentes). El líder se victimiza. Es como nosotros. Dice: “Pobrecito de mí”; “Nadie me ayuda…”; “Soy el único que hace esto o aquello”.
Sin embargo, Dios continuó siendo paciente con Moisés y, una vez más, le mostró su bondad. Él le dio un equipo para que le ayude:
“Entonces el Señor le dijo a Moisés: —Reúne delante de mí a setenta hombres que sean reconocidos como ancianos y jefes de Israel. Llévalos al tabernáculo para que permanezcan junto a ti.
Yo descenderé y allí hablaré contigo. Tomaré del Espíritu que está sobre ti y lo pondré sobre ellos también. Llevarán la carga del pueblo junto contigo, y de esa manera no tendrás que soportarla tú solo” Números 11:16-17 NTV.