Devocional de hoyDESCUBRIENDO LA OFENSA: ¿UN GIGANTE DORMIDO?
“Por eso su iniquidad se alzará frente a ustedes como un muro alto y agrietado, a punto de derrumbarse: ¡de repente, en un instante, se desplomará!”
— Isaías 30:13
Pensamiento del día:
“Inscribe los agravios en el polvo, las palabras de bien inscríbelas en el mármol.” Benjamín Franklin Pensemos en esta frase mientras analizamos este tema: cuando la ofensa se entierra, se entierra viva.
Un incidente domestico me trajo una lección.
En una ocasión, el agua no fluía en uno de los baños de mi casa. Una tubería impedía su paso, y ninguno de los recursos comunes para destrancarla dio resultado. El plomero que llamé tampoco pudo hacer nada. Como resultado, ese sector quedó inhabilitado más de una semana, mientras decidía qué otra cosa hacer.
Casualmente, el jardinero vino en esos días a hacer su trabajo con el césped y mientras él removía un sector de tierra en el jardín, descubrió una raíz fea y extraña. La siguió, hizo varios huecos, hasta que en uno de ellos descubrió algo insospechado. La raíz pertenecía a un viejo árbol, del cual no había ni rastro ahora porque había sido cortado hace años de la vereda, pero que se mantuvo creciendo en dirección a la casa. Esta raíz era la responsable de aprisionar y estrangular una de las cañerías del sistema de agua que estaba bajo tierra y era la causante de inhabilitar el paso de ese elemento a todo un sector de mi casa. ¡Sorpresa!
En general, las heridas o traumas más profundos son eventos que cortamos o bloqueamos en nuestra memoria. Lo hacemos consciente o inconscientemente. La realidad es que no queremos recordar, e incluso, y esto ocurre a menudo con las heridas cotidianas, preferimos ignorarlas con un “yo no estoy herido”, o un simple: “¿yo?, estoy bien, eso no me afecta”.
Sin embargo, cualquier herida sin sanar, u ofensa sin resolver, puede seguir viva, creciendo “por debajo,” y aunque nos engañemos creyendo que no tiene poder para hacernos daño, podría estar “aprisionando” algún área de nuestra vida e impidiendo que lleguemos a ser todo lo que Dios quiere que seamos.
Sólo cuando se exterioriza algún síntoma de disfuncionalidad en nuestra identidad personal, relaciones, actitud, desarrollo emocional o nivel de madurez, entonces, recién quizás empezamos a preguntarnos: ¿y de donde viene esto?
Qué dice Dios sobre esto:
No subestimemos el poder negativo de retener una ofensa. Aún algo pequeño puede tener el potencial de quebrar nuestra estabilidad y salud espiritual, emocional y relacional.
“Este pecado será para ustedes como una grieta que aparece en una alta muralla. Se agranda y amenaza, hasta que, de repente, de un golpe, se derrumbe la muralla.” (Isa 30:13 BLA)