Devocional de hoyPREPARANDO EL AVIVAMIENTO (PARTE 3)
“Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas.”
— Salmo 9:1
INTENSIDAD Y FRECUENCIA
Para desarrollar comunión íntima con Dios necesitamos un corazón entendido en procesos, que es capaz de invertir tiempo y recursos hasta obtener los resultados esperados.
El rey David enseñó que intimidad con Dios es intensidad y frecuencia.
Intensidad quiere decir: Con todo mi corazón, con todas mis fuerzas, mi pasión, mi mente... David escribió varias veces: “Te alabaré con todo mi corazón” (Salmos 9:1, 86:12, 138:1).
“Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos” Salmos 119:10 RV60.
Como el salmista, tienes que tener pasión por estar a los pies de Jesús, muy concentrado en Él.
“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37 RV60).
“Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.
Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres…” Lucas 10:38-40 RV60.
La expresión de tu amor a Dios es la intimidad que tienes con Él.
Frecuencia es: Todos los días de mi vida, todo el tiempo, cada hora, cada minuto sigo la caminata con Dios.
“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” Salmos 27:4 RV60.
“Siete veces al día te alabo a causa de tus justos juicios” Salmos 119:164 RV60.
Los salmistas entendieron que lo más importante en esta tierra es entrar y permanecer en la presencia de Dios.
Si aplicamos la intensidad y la frecuencia a nuestra vida de oración, se construye la Cultura del Reino. Y esto debe empezar primero en casa, a nivel personal, luego matrimonial y, después, con los hijos. Entonces viviremos, de verdad, como ciudadanos del Reino de los cielos aquí en la tierra.
Ahora, la intensidad y frecuencia te llevan a la permanencia, es decir a permanecer unido a Cristo.
“Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Pues una rama no puede producir fruto si la cortan de la vid, y ustedes tampoco pueden ser fructíferos a menos que permanezcan en mí. »Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada” Juan 15:4-5 NTV.
¿Cómo sabemos que permanecemos en Él y que Él permanece en nosotros? Porque nos ha dado de su Espíritu (1 Juan 4:13).
“Dios es amor. Y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él” 1 Juan 4:16b RVA-2015.
“Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.
Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.
No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.
Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” 1 Timoteo 4:12-15 RV60.
Permanecer significa estar, persistir, subsistir, mantenerse, durar, quedar en pie, continuar, perdurar.
El desafío mayor es: Permanecer en Dios, en sus enseñanzas y en sus asuntos.
LA VIDA DEL LUGAR SANTÍSIMO
Preparar el avivamiento es desarrollar vida del lugar santísimo y permanecer en ese estilo de vida.
El lugar santísimo no es un lugar como tal, es un estado espiritual: ¡La vida de tu corazón!
Esa vida del lugar santísimo te lleva a tener comunión con Dios y a atender más la unidad con Cristo. Cuando nos unimos a Cristo, Él se une a nosotros (Juan 15). Esta idea la amplía el apóstol Pablo:
“Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él” 1 Corintios 6:17 RV60.
Si permanecemos en esa unidad, hay vida del lugar santísimo y eso nos lleva a una vida fructífera. Es cierto que el esfuerzo puede producir frutos buenos, pero esos frutos no duran hasta mil generaciones.
Una vez más: Cuando los frutos son del lugar santísimo, no son resultado del estrés, de la ansiedad… Son frutos que permanecen bendiciendo hasta mil generaciones.
En la vida del lugar santísimo comienza a funcionar la gracia de Dios. Y la gracia de Dios es su poder hacedor que abre puertas de hierro, que hace caminos en los mares, que convierte los desiertos en manantiales… ¡El poder logrador e ilimitado del Señor lo hace en y a través de nosotros!
Así, se aprende a enfrentar la tierra desde el lugar santísimo, a liderar/pastorear desde allí. En otras palabras, a ser ciudadanos del cielo en la tierra que reflejan la vida de Jesús.
Lamentablemente hay mucho servicio con una vida del lugar santísimo muy débil. ¡Del ser debe nacer el hacer! Necesitamos corregir la mentalidad, el enfoque, nuestro estilo de vida. Dejemos de estar centrados en el hacer y centrémonos en el ser (Ser cristianos del lugar santísimo, de quebrantamiento permanente).