Devocional de hoyOBJETIVO DEL PERDÓN: RECONCILIACIÓN
“Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad.”
— 1 Juan 1:6
Pensamiento del día:
“No pidáis a Dios que os de una carga apta para vuestros hombros; pedidle unos hombros aptos para soportar vuestras cargas.” Phillips Brooks
Para que haya una genuina restauración necesitamos alcanzar una reconciliación que es el «restablecimiento de la concordia y la amistad entre dos o más partes enemistadas»
Según el diccionario de la RAE, reconciliación es «la acción de componer y ajustar los ánimos de los que estaban opuestos entre sí». Por tanto, es un proceso o una acción que desemboca en una situación de concordia o de acuerdo entre diferentes partes que por diversas circunstancias se había fracturado.
Veámoslo así: el perdón es un proceso individual, que requiere de una decisión espiritual, con la que se superan sentimientos como el resentimiento, el juicio negativo o la indiferencia hacia quienes nos han hecho daño, y se los libera.
La reconciliación supone recobrar las relaciones, por tanto ya no es un proceso individual, sino grupal -aunque sólo se trate de dos- e implica un acercamiento voluntario de las partes antes en conflicto, que buscan conectarse de nuevo.
El verdadero perdón abre la puerta de la reconciliación, y esta persigue la restauración de algo que se dañó.
La reconciliación entre partes antagónicas se puede dar sin verdadero perdón, por pura negociación; *pero el verdadero perdón si desemboca en una genuina reconciliación*.
La reconciliación espiritual requiere que ambas partes estén dispuestas a doblegarse y reconocer su responsabilidad, pidiendo perdón. Si una de ellas no quiere hacerlo, entonces aunque la otra parte lo quiera y lo desee, no podrá haber una verdadera reconciliación.
*Qué dice Dios sobre esto*:
*Reconciliarnos con alguien siempre demandará transparencia y honestidad. Tendremos que reconocer nuestra falta, pedir perdón y también aceptar el perdón que el otro extiende hacia nosotros. Asimismo, estar en paz con los demás es una marca espiritual que revela el estado de nuestra comunión con Dios*.“Si decimos que tenemos comunión con El, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Pero si andamos en la Luz, como El está en la Luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesús Su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1Jn 1:6-7 NBLH)